La Educación a Distancia no es un tema nuevo, esta modalidad data de años atrás y nace con la necesidad de brindar una mayor cobertura en Educación Superior a sectores de la población que presentaban dificultades económicas, de ubicación o de tiempo.
Hablar de Educación a Distancia nos lleva a pensar en toda forma de educación que se valga de algún recurso tecnológico para que el estudiante acceda al conocimiento y sea autogestor de su proceso de enseñanza –aprendizaje como lo fueron el Bachillerato por Radio y la Televisión Educativa en sus momentos, medios evolucionados en las TIC hoy en día.
Los avances tecnológicos en el tema de las comunicaciones han sido factor determinante para que cada vez más jóvenes elijan continuar sus estudios superiores a través de esta modalidad, los estudiantes de hoy son mediáticos, kinèsicos, este hecho ha suscitado una reconfiguración en las instituciones educativas que involucran la parte infraestructural y por su puesto las pràcticas pedagógicas, así como la mentalidad tanto de docentes como de estudiantes. Es ahí precisamente donde radica la importancia de la Educación a Distancia, toda vez que hace re conceptualizar la educación.
Esta modalidad educativa hace que el estudiante sea capaz de autogestionar sus procesos, de administrar sus tiempos, de plantear un método de estudio de acuerdo a sus requerimientos dándole así el total protagonismo y convirtiéndolo en sujeto activo con las actitudes de independencia, responsabilidad y autonomía que toda persona necesita para asegurar su éxito personal y profesional.
Plantear una educación basada en el uso de las TIC despierta cierto recelo entre padres y docentes que no han asumido el reto informático, una de las mayores preocupaciones se da en el campo de la lectura, para nadie es secreto que muy pocos estudiantes desarrollan procesos lectores satisfactorios ni muestran gran simpatía por esta actividad mucho menos ahora que se ha propagado la idea de que “una imagen vale más que mil palabras”. Hasta hace unas décadas se accedía al conocimiento a través de documentos escritos de gran extensión que albergaban principios y postulados de autores de diferentes épocas, ubicar la información requerida llevaba tiempo, generando así inconformidad e indisposición hacia los libros; los manuales y las instrucciones eran textos extensos presentados a manera de folletos. Con el avance de la tecnología estos mismos pueden ser difundidos a través del formato digital, muchos libros, revistas y documentos de archivo hacen parte de un gigante de la información: La Web, en donde todo está al alcance de la mano. No sentir cierto temor ante la cantidad de información y herramientas para organizarla y ordenarla es difícil. Indiscutiblemente el mundo digital exige nuevos saberes como la capacidad para manejar bases de datos, actividad que antes estaba limitada a personal especializado, incorporación de un nuevo vocabulario y aceptación de nuevas formas de escritura. Pero además de ello e inevitablemente necesario para la conversión de las informaciones halladas en conocimientos, está la habilidad tradicional de lectura.
Tener acceso a esta Babel del conocimiento en palabras de Borges, requiere el desarrollo de habilidades y destrezas lectoras que no se limiten a la simple búsqueda, lo verdaderamente esencial es poder hacer interpretación, análisis, extrapolaciones, entre otras operaciones intelectuales que conlleven a la construcción del conocimiento. Capacidades indispensables que pueden desarrollarse a través de la Educación Presencial o a Distancia.
De ahí la necesidad de resignificar el papel del docente para convertirnos en Tutores, orientadores de procesos.
